Hoy día, en las sociedades desarrolladas en las que el ingerir las calorías necesarias no es un problema, la gente quiere consumir salud. Asi han florecido de la mano de la poderosa industria alimentaria una legión de alimentos que nos proporcionan salud más allá de sus propiedades nutricionales. Se les denomina en general Alimentos funcionales. Pero la gente está confusa y ello se debe a que se mezclan bajo esta denominación cosas muy diversas. Con el fin de que cada cual puede elegir con conocimientos de causa vamos a intentar aclarar algunos conceptos.
Los alimentos funcionales
La naturaleza ha proporcionado a algunos alimentos la virtud de contener, de forma natural, algunas substancias que actúan beneficiosamente sobre diversas enfermedades, más allá de sus propiedades nutricionales.
El brócoli, la coliflor o las coles de Bruselas poseen dos substancias (el indol-3-carbinol y el sulforofano), que son capaces de contrarrestar el crecimiento de las células de los cánceres de próstata y de mama. Y lo consiguen actuando sobre el propio material genético de las células tumorales, inhibiendo su proliferación. Esto no implica que si consumimos a diario estas verduras vamos a estar protegidos de forma absoluta frente a estos enemigos, pero puede ser una valiosa ayudar al organismo en controlar las células que se desmandan, antes de que hagan daño. También producen moléculas que ayudan al organismo a protegernos frente al cáncer otras verduras y frutas como el tomate, la cebolla, el ajo, el pimentón, los cítricos, las fresas, la uva negra, el té verde, etc.
Según la Unión Europea para que un alimento sea considerado funcional debe de reunir los siguientes requisitos:
1. Tiene que ser un alimento de verdad, no puede ser un comprimido o alguna otra forma de suplemento alimenticio. Por ejemplo todos los alimentos picantes contienen una substancia que es la capsaicina, la responsable del picante, que es un potente agente, sin valor nutricional pero con numerosas propiedades anticancerígenas y neurológicas. Pero no es un alimento funcional una medicina para el tratamiento de los problemas neurológicos de los diabéticos elaborada a base de capsaicina.
2. Deben consumirse como parte de un plan dietético normal y debe ejercer sus efectos beneficiosos con las cantidades del alimento que se consumen normalmente en una dieta equilibrada. Por ejemplo dos tazas de té proporcionan todo el flúor que necesita una persona a la semana.
3. La demostración de sus efectos debe haber cumplido todas las exigencias de la comunidad científica. Por ejemplo el consumo semanal de pescados azules ricos en grasas omega 3 tiene una probada eficacia protectora frente a los problemas cardiovasculares.
4. Deben producir efectos beneficiosos, mejorar la salud, proporcionar bienestar o reducir el riesgo de enfermedad. Por ejemplo, el consumo diario de una copa de vino tinto o mosto tinto sin alcohol es beneficioso a causa del enorme poder antioxidante de los fenoles que contienen.
5. Sus efectos podrían no ser necesariamente beneficiosos para todos los integrantes de la población. El consumo de preparados a base de soja, que contiene isoflavonas de acción estrogénica, es beneficioso para paliar las manifestaciones molestas de la menopausia en mueres, pero puede no ser conveniente que los consuman los hombres, sobre todo a partir de cierta edad.
Es imposible en este espacio citar todos los alimentos funcionales, de algunos hemos hablado en otros artículos, como el zumo de granada. Una alimentación saludable debe de incluir semanalmente los principales alimentos funcionales, que además de nutrirnos, nos van a conferir ventajas de protección frente a graves problemas de salud que nos acechan a la vuelta de cada año. Pero recordad, son una ayuda, no la panacea infalible.
Los alimentos nutraceúticos
Se trata de un grupo creciente de alimentos, como la leche, los zumos, las margarinas o los cereales, que se utilizan como vehículo para la administración de diversas substancias que, de procedencia muy diversa, son beneficiosas para la salud, más allá de su valor nutricional. Estos alimentos constituyen hoy una autentica revolución nutricional, en especial en relación con el envejecimiento y aquellas enfermedades crónicas que nos acechan en la madurez. Para aquellos que tengan dudas respecto a los efectos saludables de estos alimentos, han de saber que la legislación europea y española prohíben que ningún producto publicite pretendidos efectos beneficiosos para la salud si no han presentado ante los organismos correspondientes un dosier extenso de investigación científica de calidad sobre sus propiedades. Cuando el producto no cumple esos requerimientos puede ser retirado del mercado. Vamos a comentar algunos de los alimentos nutraceuticos más conocidos y cuyos efectos saludables están demostrados.
1. Entre los nutraceuticos más consumidos están los yogures adicionados con probióticos y prebióticos. Su función es mantener nuestra flora intestinal sin la cual enfermaríamos y nos moriríamos. Normalmente viven en la pared de nuestros intestinos más de cien billones de bacterias muy beneficiosas para nuestra salud en general, no solo digestiva. La forma de vida, sobre todo en las grandes ciudades, nuestros hábitos higiénicos y el abuso de medicaciones, como los antibióticos hace que en nuestros intestinos falten bacterias beneficiosas. Por eso se adicionan a un vehículo adecuado, como un yogur, los llamados probióticos, que son bacterias vivas, generalmente Lactobacillus casei y Bifidus bacterium, que cuando los ingerimos contribuyen a restablecer el equilibrio y número de nuestra flora microbiana. Otra manera complementaria de producir este efecto beneficioso es mediante los alimentos a los que se añade prebióticos, que son carbohidratos no digeribles (fibra) como los fructooligosacáridos (FOS) que al llegar al colon estimulan el crecimiento de las bacterias intestinales buenas.
2. También son de gran consumo los yogures, margarinas o bebidas adicionadas con estanoles y fitosteroles, que son esteroides vegetales que ayudan en algunas personas a regular el colesterol sanguíneo al inhibir su absorción intestinal.
2. Los lácteos adicionados con tonalín, un isómero del ácido linoleico (el CLA) que, entre otras propiedades saludables, reduce la grasa corporal.
3. Los yogures enriquecidos con evolus, un producto natural de propiedades antihipertensivas.
Hay muchos más y cada día la industria alimentaria se esfuerza en proporcionarnos más alimentos nutraceuticos. Hay bebidas enriquecidas con luteína y zeaxantina, que son substancias esenciales para el metabolismo de la retina y puede colaborar en la prevención de la degeneración macular o de la retinosis pigmentaria.
En general no hay peligro para nuestra salud si estas substancias beneficiosas las consumimos en forma de alimentos nutraceuticos, formando parte de un plan de alimentación equilibrado. Otra cosa diferente es si los consumimos en forma de preparados farmacéuticos, cápsulas o polvos, como se anuncian en Internet. En cualquier caso, si padecemos alguna enfermedad debemos de consultar con el médico, ya que algunos de estos preparados pueden interferir con el tratamiento prescrito.
Los alimentos enriquecidos o reforzados
Sin meternos en conflictos semánticos, estos alimentos se diferencian de los nutraceúticos en que lo que se añade al alimento que sirve como vehículo (leche, zumo, margarina, etc.) es un nutriente y que actúa como tal (vitamina D, ácido fólico), pero que se encuentran a mayor concentración que en el alimento natural. Esta práctica cumple el propósito de solventar algunos problemas nutricionales específicos mediante la adición de nutrientes esenciales a los alimentos. Los alimentos fortificados abarrotan los anaqueles de los hipermercados y es un grupo creciente de productos alimentarios. Veamos algunos ejemplos.
1. Los ácidos grasos omega 3 que ejercen un indiscutible efecto protector cardiovascular. Estos abundan en algunos alimentos como los pescados azules y los frutos secos, pero para muchas personas les cuesta ingerir las cantidades diarias recomendables ya que los alimentos en los que abundan, contienen muchas calorías, o no les gusta el pescado. Se adicionan reemplazando la grasa que normalmente contiene la leche y otros productos lácteos. Fíjense hasta donde llega el asunto, que ayer mismo comenzó a publicitarse una leche que lleva ácidos grasos omega tres y a la que además se les adiciona un fruto seco: nueces.
2. El ácido fólico es la forma artificial de la vitamina B9, que reduce la incidencia de malformaciones del tubo neural, es antianémico y reduce el riesgo de enfermedad cardiovascular. El problema es que toda la cantidad diaria recomendada, por ejemplo en embarazadas o en personas mayores, es muy difícil de obtener solo mediante la dieta. Por eso se adiciona a diversos alimentos como la leche y al pan de molde, entre otros.
3. El calcio que favorece el desarrollo de los huesos y los dientes, el crecimiento de los niños y previene la osteoporosis. Es abundante solo en unos pocos alimentos y necesita ser ingerido en unas formas nutricionales que permitan su absorción intestinal. Por eso se adiciona a productos como la leche o algunos zumos de fruta.
4. La vitamina D, fue quizá uno de los primeros nutrientes que se utilizaron en la fortificación de alimentos. La principal fuente de vitamina D es la luz del sol, pero en los países nórdicos con baja insolación las personas, sobre todo los niños no reciben suficiente luz solar, por eso comenzaron a fortificar con vitamina D aquellos alimentos de consumo más frecuente. Hoy se adiciona de forma sistemática a algunos alimentos grasos como por ejemplo la margarina.
5. La fibra vegetal ayuda a prevenir el estreñimiento y reduce el riesgo de cáncer de colon. Solo abunda en las verduras, hortalizas, legumbres y cereales integrales. Algunas personas no consumen suficientes alimentos vegetales para proporcionar los 30 gramos diarios recomendados de fibra. Se adiciona a preparados de cereales, a barritas energéticas y a galletas.
7. Los antioxidantes neutralizan los radicales libres y previenen la oxidación de las estructuras celulares, retardan el envejecimiento y previenen el cáncer y la enfermedad cardiovascular. Con una dieta normal a veces no se ingieren suficientes cantidades de antioxidantes, se adicionan a zumos y bollería.
Se pueden consumir con tranquilidad los alimentos fortificados, en un uso normal y dentro de un plan dietético equilibrado.
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